Secretos de limpieza

Martes 10 junio 2014 • 10:21

 

 

 

 

Hoy os escribo desde el salón, el lugar donde pienso dormir esta noche. He dejado al malvado Roy solo en nuestro lecho conyugal, para que medite un poco acerca de su pérfida traición.

 

Todo empezó ayer por la tarde. Mientras estaba fregando, mi cariñín me abraza por la espalda con ternura y delicadeza al tiempo que me susurra al oído: “Mira que te gusta lo de limpiar, frotar y sacar brillo, ¿eh?…”

 

- Pues no Roy, pero sí que es una de las muchas cosas que hago porque no me queda otro remedio, como por ejemplo depilarme las ingles, hacer la declaración de la renta o soportar a tu santa madre, ¿dije santa?, ¡uy perdón!, fue un lapsus…

- Vaya… así que no te gusta, pues yo que pensé que te encantaban las tareas del hogar… Bueno, pues nada, voy a cancelar tu reunión sorpresa.

- ¿¿Einnn??, ¿¿Sorpresa??

- Sí, mi amor, te había apuntado a una especie de reunión tupperware de esas en las que se juntan un montón de señoras para ver cachivaches. Pensé que te gustaría descubrir en primicia artilugios que te podrían cambiar la vida, pero no pasa nada…

- ¿Eh? emmmm… Bueno hombre, si ya me has apuntado… tampoco les voy a hacer el feo…Trae anda, lo que no se haga por amor… Pero te aviso ¡eh!, ¡que te quede claro que todo lo que compre lo vas a utilizar tú también!

- ¡Claro cielo, sin problema!

 

¡Pero mira que soy pánfila!, hasta la mismísima Mary Poppins se hubiese dado cuenta de la mirada de “Soy Lorenzo Lamas, el rey de las camas” que me echó Roy al decir esto último. Es cierto que, durante unos segundos, me pareció oír el zumbidito de una mosca detrás de mi oreja, pero rápidamente la espanté de un manotazo para poder soñar a gusto con nubes doradas llenas de tupperwares con succión de vacío, esponjas biónicas, fregonas programables y todo un kit de limpieza digno de la nave del mismísimo Star Trek. ¡Qué ilusión! ¡Una reunión de maniáticas de la limpieza y de la organización del hogar!

 

Al llegar a la dirección indicada, un cartel en la puerta me dio la bienvenida: “Deborah, la reina de los utensilios”. Está claro que no hay más ciego que el que no quiere ver, y he de decir que Rompetechos a mi lado ve como un lince. Lo primero que me vino a la cabeza al ver el rótulo fue: ¡Mira qué nombre tan apropiado…! Claro, seguro que con esos utensilios “devora” hasta el último rastro de suciedad…”.  Es cierto que la H final me desconcertó un poquito… pero nada, yo a lo mío, convencida de que me aguardaban sorprendentes artículos que convertirían la limpieza de mi hogar en una experiencia mística. Incluso cuando la asistente me abrió vestida de “pornochacha”, hasta pensé que la chica estaría acalorada de tanta demostración de fregado y abrillantado, y que se había puesto lo mínimo para no pasar calor…

 

Fue cuando Deborah se puso a hacer la demostración del primer trasto cuando me di cuenta de que aquella no era la idea de “frotar” con la que yo había salido de casa. Inmediatamente le mandé un mensaje a Roy: “¿Pero tú eres bobo o qué te pasa? Esto no tiene nada que ver con la limpieza“. Su respuesta llegó inmediatamente antes de la presentación del Power Vibra 5000: “Pero, cari. No ves que nunca viene mal  un poco de “menaje” para el hogar”. ¡Arjjjjj, hombres!

 

Me quedé tiempo suficiente como para poder descubrir con estupor que “cockring” no es el término inglés para definir un lugar de peleas de gallos, que “dildo” no es el nombre de un amigo de Pocoyó y que aquello que tenía mi compañera en el despacho no era precisamente un mini altavoz de diseño.

 

De vuelta a casa Roy me esperaba impaciente:

- ¡¡A ver, a ver, enséñame lo que has comprado!!

- Ahí tienes, toma, ¡un plumero! El resto del disfraz de “pornochacha” no me hace falta, ya sabes que yo hago la limpieza en chándal. ¡Buenas noches, traidor!

 

Me cogí mi pijama de franela y me vine a dormir al sofá desde dónde os escribo en estos momentos. Ahora bien, Roy lo está teniendo un poquito crudo para dormir esta noche: creo que le va a llevar su tiempo darse cuenta de que no es precisamente su móvil lo que oye vibrar cada cinco minutos, sino un simpático artilugio tele dirigido que he metido entre las mantas. Conozco a una que sí que va a dormir hoy a pierna suelta y no seré yo, precisamente. Me refiero a Deborah, la reina de los utensilios, que se ha embolsado 458 euros de nuestra cuenta común.

 

Bueno, os dejo, queridas lectoras y lectores. Creo que ya lo he hecho sufrir suficiente por hoy. Voy a coger el plumero y el resto del disfraz, a ver si desempolvo un poco mi vida conyugal.